jueves 12 de noviembre de 2009

Cosas que nadie quiere leer

Siempre fui más valiente, nunca tuve miedo. Desde kinder mi mamá me enseñó a defenderme. Cuando me quitaban las muñecas, les pegaba manotazos a mis compañeras. No le tenía miedo a la oscuridad, ni a los fantasmas. Tampoco temía de las malas notas ni de dormir poco. Menos, a decir lo que nadie quería escuchar.

Mi primer regalo favorito fue un cinto rojo de karate. Más de una vez me arranqué del colegio, de la cama y del supermercado. Cuando mis amigas querían huir de sus casas, les acarreaba las maletas y esperábamos a que sus papás no estuvieran para salir corriendo. Otras veces los dejaba para siempre mientras dormían.

Cansa ser valiente, esa experiencia tan falsa de: oyé corre, yo llevo la metralleta. No siempre soy valiente, aveces también tengo miedo, aunque no lo acepte a nadie más que a ti.

domingo 13 de septiembre de 2009

Esperemos



Me he vuelto un ser odioso, eso le decía a I. Al blog ya nadie entra, ya no hay mensajes anónimos ni mensajes de amor, ni mensajes de nada. No hay nada. Nada nuevo que no parezca sensacionalista.

Según I. es una racha, una mala racha, un par de meses, que después todo se arregla. Dice que han pasado muchas cosas, que después, siempre todo se arregla, que después uno vuelve a recomenzar, que a él le ha pasado muchas veces.

Recomenzar, esa palabra suena a ser otro, a hacerse otro, a recoger pedacitos regados, pedacitos de ti. Puta y a mi que siempre me ha cargado la gente amarga, porque yo solía ser dulcesita, así tirando a cargante. De hecho antes yo era una persona casi-súper optimista, casi loquera de todos los amigos, más optimista, más simpática, esa huea tan vacía de ser simpática, tan satisfecha.

De pronto entiendo un poco a I., como cuando yo en algún momento conocí a P. y me fui a la chucha y ahora estoy acá, como a medio morir saltando. Medio triste, medio feliz, medio dañina, pero en el fondo, soy como la mamá mala de todos. Pero bueh, en realidad, siempre se le puede echar una mano al humor negro, quien sabe, quien sabe qué pueda pasar después. Esperemos.

(Adaptación de un cuento de C.)

domingo 30 de agosto de 2009

El Sueño

Varias veces al día pienso que estoy muerta. Hace un poco más de tres meses desperté una mañana y me di cuenta que el calefont (que esta al lado de mi pieza) había quedado encendido desde la noche anterior. Esa mañana me costó despertar más que ninguna otra y en mis sueños sentía que él estaba vivo. No es que él realmente esté muerto, es que yo preferí pensar que ya no respira.

Todos los días, siento que cada cosa que pasa es un sueño paralelo, que todo se paralizó, como cuando pones pause en una radio a pila. Un día en el supermercado me pareció traspasar a una abuelita en el pasillo de los confites. Entonces recordé de nuevo esa mañana en que me levanté y la llamita del calefont se había apagado. Siempre dormida, sentí que estaba dejando de respirar, a pesar de no sentir el aroma a gas. También me salí de mi cuerpo y escuché a mi abuela (que está muerta), al lado de mi cama, gritando y obligandome a despertar.

Varios meses estuve sin saber qué era real. Otros días sentía que mis pies flotaban al caminar. Esa sensación me duró hasta el día que tuve que reportear los enfrentamientos. Los balazos que pasaban sobre nuestras cabezas nunca fueron un sueño. Ahí me acordé de la noche en que lavé la loza bien tarde y quedó encendido el bendito calefont. Creo que desde ese día empecé a vivir. Sigue acompañandome, diosito. No me dejes nunca. Así, a pesar de todo, nunca, nadie me podrá matar.




miércoles 5 de agosto de 2009

Hacerme tira a un tira


- Esta tarde mi mamá me preguntó por teléfono por qué no me duraban los pololos... Buena pregunta. Le dije que los pololos que había tenido eran unos maricones cobardes, que si me casaba, me casaría con un tira y aprovecharía de dejarme hacer tira. Así le dije, y ella me respondió que no le encontraba ningún chiste, que seguramente el tira me iba a sacar la chucha igual que a su madrina y me haría correr por la casa con un arma en la espalda.

- ¿Qué te respondió?

- ¿Qué, qué le dije?. Le dije que yo era chiquitita de porte pero chora y que le iba a parar los carros igual como cuando los peñis esos quisieron quitarnos la cámara ó esa vez que le ayudé a arrancarse de la casa a mi amiga, esa que tiene un papá paco jubilado de pasado negro.... ó cuando tenía 18 y me fui a Santiago sin plata detrás de ese único mariposón cobarde del que he estado enamorada... Ahí como que le dió pena parece y yo le dije que si me tocaba un tira malo, en caso de ganar bien, me iba a ir cualquier día con mi única maleta con ruedas, y en el de perderlo todo, lo iba a dejar en la calle y le tiraría la ropa recién mojada y estilando, desde el quinto piso, como cuando mi papá se quiso separar de ella y llegó a la casa de mi abuelita con la ropa en bolsitas del supermercado. Así le dije.

- ¿Y qué te dijo?

- No me alcanzó a decir nada, porque se me acabó la batería.


jueves 30 de julio de 2009

El no testamento


(Porque en esta profesión, nunca está demás tener uno)

Mamá, me gasté el vuelto de los pañales de mi hermano chico en bombones. Te robé un tarro de manjar para comerlo con la María José atrás del gran pino que estaba en el antejardin. Me comí parte del pan que compraba calentito en la panadería. A los siete años atropellé a mi hermano con la bicicleta. Cuando en segundo basico la gata Rivera me sacó la chucha, fue porque le dije Gata Rivera, sabíendo que ese era un apodo burlesco porque su papá entraba a robar a las casas. No fui a ese paseo con la orientadora, me quedé en el departamento de P. Esos papelitos no eran para hacer mapas. No perdí la virginidad el día que tú piensas. Nunca le digo al cura toda la verdad cuando me confieso.

Papá, debí estudiar fonoaudiología como tú querías, pero, no lo hice, porque no eran mis sueños. No hice todas mis tareas de física y le pagamos a una compañera de curso para que nos haga los últimos trabajos de matemática y matemática electivo. Quisiera creer en Dios y tener esa capacidad de salir adelante que tú tienes. He ido a reportear enfrentamientos y tomas que no te conté para que no te asustes. La mayoría del tiempo me gustaría ser la hija que a ti te gustaría que fuese, creyente, dedicada a la ayuda al prójimo. Perdona por farrearme el colegio y el pre universitario. En los primeros años de universidad, me fui de viaje a Santiago muchas veces debiendo pruebas y enfermandome para presentar certificados médicos. Ayudé a la Cinthya a arrancarse de la casa. Perdona por no estar siempre.

He estado enamorada de una sola persona durante toda la vida. Esa persona no me habla, porque le fallé cuando más me necesitaba. Nunca le dije muchas cosas que no me atrevo a decir por aqui. Le pedí que me enseñe matematicas sólo para estar con él y me saqué un rojo en la prueba. En la semana que nos conocimos desconfié mucho. Siempre que no estaba atento, lo miraba ó le sacaba fotos. Cuando llegaba de la universidad ó del trabajo, yo quedaba paralizada, escuchaba la música en sus audifonos y los pasos hasta llegar a la puerta. Durante todo un verano le cociné berlines, queques, pan amasado y papas fritas, porque mi abuela me enseñó que se conquista por el estomágo. Estuve enferma de colón durante un mes entero, los mejores remedios eran sus visitas sorpresa y sus pastos infusión que me enviaba su mamá. Me llamó varias noches a horas que no recuerdo sólo para cantarme Hagamos un trato de Joan Manuel Serrat. Yo siempre pensé que iba a contar con él, como dice en la canción.

miércoles 22 de julio de 2009

Homenaje


En homenaje a la periodista Claudia Pardo.

El año pasado, cuando se suicidó, lo supe por la tele. Habían como cuatro grados bajo cero y eran cerca de las 10 de la mañana. Lo dijeron en el Matinal del Sur y yo no lo pude creer, como alguien tan joven, bonita y exitosa deseaba morir. Aunque muchas lo nieguen, todas quisimos ser como ella, aparecer en la tele, modular harto y sonreír, sobre todo, sonreír.

Una vez, hace tres años atrás me la topé reporteando, era primavera y ella usaba un abrigo largo y lila. En ese tiempo trabajaba en el canal 13 y yo hacía una pasantía en una radio pequeña que con suerte me pagaba el taxi. Entrevistamos al seremi de agricultura si mal no recuerdo. Ella andaba apurada, así de apurada como suelo andar ahora.

Dicen que ella no se recuperó jamás de un quiebre amoroso y que un día cualquiera, en la capital, cuando todos pensaban que el fantasma negro de la depresión se había ido, decidió no volver a sonreír más. Todos los canales le dieron un último adiós y nosotras nos quedamos con su recuerdo en termas y paisajes soñados que veíamos a través de la televisión.

jueves 16 de julio de 2009

Intoxicacion electrica


Ekathe se encamina al futuro, un idioma de delfines a medio resolver. Ella ha recuperado el sello de la alianza, navega entre la multitud nombrando a los sobrevivientes. Sus labios nada esconden, su destino ondula, arroja a las mandíbulas del mar, a las mandíbulas de la tierra, a la boca del dragón que florece entre la marea, el aire y el gemido de paloma. Ella deja su cabeza apoyada contra la pared, mira hacia abajo y ahora que el miedo da risa, deja de contar estrellas en el vacío, ve los números bailar hasta desaparecer.

La memoria hace daño, los sueños hacen daños. El paisaje sigue impávido, tan naturalmente influyente. El cielo despedazado por el viento que gime. Ekathe descubre sus ojos, sus cabellos oscuros en la piel del tigre, su voz aullando de loba en la garganta del pez, sus besos de luna en contacto con la boca del enemigo.

El momento más fascinante es aquel en que cambia la luna, cuando en un abrazo eterno complementan un eclipse. Entonces, la laguna es peligrosa para los mortales. Si alguna vez existieron, una espada brillante humedecida en el silencio los une. Ni resignación, ni soledad, ni distancia confunden su leyenda. Saben que es tarde, siempre es demasiado tarde, los relojes están muertos.

Ella se abriga, tiene frío, mucho frío. Todos tenemos frío, el querer tiene frío. Ekathe no necesita héroes, escribe para inventar el mar del Sur a los suicidas. Podría sentarse y darle forma a su anonimato, empezar de nuevo, ocultar frases. Quizás, sólo quizás, finalmente termine viéndose en otros espejos.

Ekathe observa una alfombra persa sobre el sueño sin superficie del fondo de la ciudad. Observa a su enemigo, el enemigo más brillante que no vuela, que se desliza, que es un remolino mezclado con agua destilada. Ella armada de un violín de tulipanes encendidos intenta abrir la puerta de la ciudad, la puerta de la memoria de aquel hombre.

Quizás no existieron criaturas más clarividentes que éstas, que vivieron en un mundo efímero y embrujado. Lejanamente existieron en la tierra intermedia, imaginaria de nuestra propia propiedad.

El enemigo ya no está aquí. ¿Ves esa mancha en las nubes?. Usa los binoculares... ¿Ahora ves la mancha?. Es mejor que no uses los binoculares para ver al enemigo. Los binoculares funcionan en el abismo, además, no existe el valor para sumergirse en las aguas azules y frías de los mares del sur.